Capítulo 49 / "Insaseable"
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Los pasajeros, como buenos mexicanos, nomás agacharon la cabeza y fingieron que no vieron nada, mientras el pequeño Natapluma lloraba desconsolado, con su carita de frijolito partido en dos, traumandose con cada grito y golpe.
—¡Cuando sepa quién es ese güey, lo voy a matar! Y ni creas que te voy a dar un puto peso, que te mantenga ese cabrón, si tan vergas es —rugió Buchango, antes de levantarse con el hocico torcido de rabia y lanzarse al fondo del camión, donde todos los borrachos y fracasados suelen ir.
En eso, una señora con cara de haber vivido ya diez novelas de Televisa, se sentó junto a Kimberly y le soltó con voz de tía empoderada.
—No te apures, mija. Si ese cabrón no quiere soltar feria, métele demanda por pensión, y vas a ver cómo le va a arder hasta el alma.
—Sí lo he estado pensando, pero ¿Cómo hago eso? —preguntó Kimberly entre mocos, lágrimas y el aliento a tristeza.
—Pues con un abogado, mija. Yo también batallaba con el papá de mis hijos, y nomás lo cité al juzgado y hasta me lloró el culero. ¿Quieres el número de mi abogado?
—No, gracias, señora, mi papá es abogado —dijo Kimberly, limpiándose las lágrimas con la manga de su blusa vieja.
—¡Ah, pues qué bien! Dale en la madre, hija. Tú estás bien bonita pa' andar con ese pinche cavernícola, te mereces algo mejor.
Esa última frase ya la había escuchado varias veces, pero ahora, sin el filtro del "lo amo, es el padre de mi hijo". Kimberly empezaba a ver con claridad: Buchango no era el destino, era el obstáculo.
Al llegar a casa, Buchango nomás agarró su mochila con la actitud de “a mí nadie me manda” y se fue como si nada rumbo a su partido. Mientras tanto, Kimberly acomodaba sus miserias, que bien cabían en una mochila del Partido Verde, para mudarse. Cuando de pronto le marcó su madre.
—¿Ya llegaron hija?
—Si mamá, ya llegué… ya hablé con el idiota.
—¿Y qué dijo, mija?
—Se encabronó y me soltó una cachetada.
—¡¿Qué?! ¡Hijo de su reputa madre! ¿Estás bien?
—Sí, mamá… me dolió, pero ya pasó. ¿Pueden venir por mí hoy en la noche? Me da miedo que llegue pedo y se le ocurra otra pendejada.
—Claro, hija, ya le digo a tu papá. Vamos ahorita mismo.
—Nomás no le digas de la cachetada, porque ya sabes cómo se pone.
—Tranquila, hija, alistense para cuando lleguemos.
Mientras Kimberly planeaba su huida para una mejor vida, Buchango, allá en la cancha, contaba con orgullo las hazañas de la peda, como si hubiera estado en una película de acción y no revolcado como costal de box.
—¡No, raza! Si así quedé yo que gané, ¡imagínense cómo quedó el otro güey! —presumió Buchango, con el ojo hinchado, la ceja abierta y la autoestima en modo negación.
Después de la bronca con Kimberly, Buchango ya sentía que tenía carta blanca para llegar tarde, crudo y con la moral bien empinada. Porque claro, si ya lo mandaron a la verga, ¿qué más da que llegue pedo? Eso se llama "autojustificación emocional nivel dios".
Se metió a su sagrado Free Facebook —el único lujo que Telcel le permitía— para mandar los clásicos mensajes convocando a su harén. Las primas, como siempre, primeras en la lista. Luego le tiró línea a Brittany, pa’ ver si el marido no le había soltado una putiza, y después al incondicional: el Chofis.
<<Q tranza biejon Va aver peda Kon los del ekiipo para q le kaigas Ya inbite a mis primas las d simpre>>
<<Pinche Buchas 😂 no tienes fondo kbrón. Hoy no puedo, ando bien madreado. No quiero pedos con mi vieja mejor pa’ la próxima pa>>
<<No ay falla biejon 👍 gacho pa los kzados. Yo ya me boy a dejar d mi ruka x guebona y amargada>>
<<😮 Se t armo por lo de anoche?>>
<<Simon 😁 ubo pdo pero era algo q ya tenia planeado>>
<<Si asi eras con ruka, no te imagino soltero kbron 🤣>>
<<La vida es 1 risgo biejon el q no ariesga no gana 💪>>
<<😆 Estas kbron buchas, cuando crezca quiero ser como tu. Te dejo mijo porque ando echando mecánica>>
<<T lo pierdez pariente 🍺 ay me chingo 1 plebe x ti>>
<<Ya habrá más ocasiones mijo, cuidese>>
Y así, terminó esa conversación con el Chofis, pero no conforme por la ausencia de la respuesta de Britany, decidio pedirle el celular a uno de sus companeros de equipo para marcarle, poniendo en riezgo a Britany con su esposo.
—Buenas tardes, preciosa. ¿Cómo amaneciste, mi reina? ¿Tu vato te dijo algo?
—Tardes, mi rey. Buena solo yo. No, ese güey llegó como a la una de la tarde, con el cuento de que fue al taller y esas mamadas. ¿Y tú qué pedo, no tuviste bronca?
—Sí, hablé con mi ruca y la mande a la verga. Que la neta tú me abriste los ojos, y que ella era una floja y amargada.
—Qué bueno, mijo. ¿Así que ya eres solo mío?
—A huevo, plebe. Nos la vamos a pasar al millón, como Diosito manda.
—Bueno, te dejo, guapo. Voy a darles de comer a mis bendiciones, porque ya los despertó la perra.
—¿La perra? ¿No que no tenías mascotas?
—La perra hambre, tonto —dijo Britany entre carcajadas.
Buchango rio como gorila con lombrices, enseñando los colmillos y la sonrisa que parecía anuncio de dentista de Tepito.
—¡Jajaja! Está bien, hermosa. Te amo.
—Yo también te quiero, mi flaquito.
Britany, por su parte, no había tenido broncas con su esposo, porque el güey también andaba de cabrón. Entre tanta marca de chupetón, era difícil saber cuál era el nuevo, así que todo chido.
Mientras tanto, del otro lado de la ciudad, Juan fue a recoger su Honda en compañía de su primo, y cuando vio el parabrisas todo estrellado, le dio un ataque de histeria.
—¡Pinches simios, hijos de su reputísima madre! Cuando sepa quién fue, se lo va a cargar la verga.
Tip de supervivencia maquilera: si vas a un “convivio", no lleves tu carro. Llévate dignidad, pero no el carro.
Luego vino el juego de fútbol: derrota como siempre, porque con Buchango de cambio estrella, jugar cinco minutos con los pulmones de fumador pasivo, no alcanza para meter goles. Pero igual, ¿eso qué importaba?, si el partido solo era la excusa para lo verdaderamente importante: empedarse hasta que el hígado pida clemencia.
Se fueron a casa del DT para echar cheve, pero Buchango andaba seco de feria. Como ya se habían acabado las latas patrocinadas por el entrenador, tuvo que volver a hacer lo que mejor sabe: usar a sus primas, cuñada y cualquier fémina solidaria para financiar su alcoholismo social.
Las damas no tardaron en llegar, porque claro, si algo distingue a las hembras de esta especie, es su debilidad por los patanes, alcohol y el perreo intenso. Las primas y su cuñada, ya sabían el camino a casa del DT, como si fuera por instinto.
Mientras Buchango perreaba con el hocico babeando y la panza brincando al ritmo del “Prrrum”, Kimberly y Natapluma esperaban con sus tiliches afuera de la casa, como refugiados de albergue. La existencia de madre e hijo había sido un curso intensivo de carencias: ropa vieja, comida de cuarta y promesas rotas al por mayor. Cada peso que entraba a la casa, duraba menos que Buchango en el delicioso.
Después de empacar, la habitación quedó con la esencia de su dueño: una cama individual con sábanas que apestaban a fracaso, su ropa mugrosa, una televisión de programa social que aún traía el sello de Peña Nieto, la bocina Bluetooth con luces LED y un póster del Natanael Cano. Este último es considerado un arma biológica por la OMS, capaz de provocar cáncer en los ojos.
Natapluma, en modo supervivencia, se chingaba unos chetos azules que parecían de cartón, y un jugo que claramente no era apto para el consumo humano. Justo en ese momento, llegaron los abuelos a recogerlos.
—Hola, corazón, súbete, vámonos —dijo la abuela, con lágrimas de ternura.
—Hola, hija, perdón por ausentarme cuando nos visitan, pero tú sabes bien que no me agrada para nada ese tal Buchango. Ahora todo estará mejor —agregó el papá, con ese tono de "te lo dije" reprimido.
—No te preocupes, papá, ya tomé mi decisión y esta vez no te defraudaré —dijo Kimberly entre lágrimas.
—Para nada, mija, cuentas con todo nuestro apoyo.
<<Solo de escuchar lo buena onda que son los papás de Kimberly, ya me dieron ganas de ser padrastro de Natapluma y meterme a la tanda familiar>>.
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Esperando con ansias el final de temporada :)
ResponderEliminarCuando sale el capítulo 50
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