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Mostrando las entradas etiquetadas como Temporada 1

Capítulo 25 / "La ultima cena"

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  Capítulo anterior Aquí Al poco rato, su madre regresó del culto con una sonrisa rara. —La hermana Mary nos invitó a comer. ¿Quieres ir? —No puedo, amá. Va a venir JR y Kevin, vamos a pistear algo tranqui. —¿Quién es JR? —El hijo de Yeyo, el que vino la otra vez —contestó Buchango mientras se rociaba desodorante olor a chocolate industrial. —Ah, ese muchacho… ya sé quién es. Ten cuidado con él, hijo, no me da buena espina. El Señor a veces nos pone gente que parece buena pero es puro demonio con camisa. —No se agüite, amá. Es a toda madre, luego lo conoce mejor. —Bueno, yo me voy a tardar. Cuídense y no hagan marranadas. —No, amá, todo tranqui. Apenas la doña cerró la puerta, se escuchó un claxon sonando como si trajera prisa de funeral. Eso ya era raro, porque en esas calles de terracería los carros eran tan escasos como la señal de internet. Los vecinos empezaron a salir como si hubiera temblado, pero el carro estaba parado justo enfrente de su casa. Buchango salió y se cubrió d...

Capítulo 24 / "Milagros inesperados"

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Capítulo anterior Aquí Los cuatro se aventaron el trayecto largo, tragándose miradas de malandros como si fueran dulces de Halloween, pero a Kevin lo escoltaba la familia y todos saben que malandro acompañado de su jefa no se toca. Llegaron a la caseta del fraccionamiento; los guardias revisaron más a fondo nomás por la finta de Kevin. Cruzaron y tocaron el timbre en casa de Kimberly. —¿Y dónde conociste a esta morra, bro? Se ve que su familia sí trae billete— dijo Kevin, viendo el carro y la fachada. —En una fiesta, viejón. —Es bien abusado tu hermano, mijo, es el que nos va a sacar de pobres— dijo la jefa, chuleándose en el vidrio de la puerta. —Yo ni sabía que era de dinero, jefa. —¡Ay sí, ajá! Si no nací ayer, baboso. Abrieron la puerta y salió el papá de Kimberly, un señor de mirada de "ya me debes algo". —Buenas tardes. —Buenas tardes— respondieron todos en coro. —¿En qué puedo ayudarlos? —Venimos a ver a su hija —respondió Idalia. El señor, que ya pensaba que venían a ...

Capítulo 23 / "La rabia de Kevin"

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Capítulo anterior Aquí La gente, vuelta loca, gritaba: <<¡Pártele su madre! ¡Agárralo a vergazos! ¡No que muy vergas putito!>> El jefe se levantó, todo meado y tambaleante, como bambi recién nacido. —Tranqui… carnal… yo no… no quiero problemas —balbuceó, manos al frente, al borde de llorar. —Ni madres, ese, ¡abrácese! —dijo Kevin, poniéndose en guardia. Los golpes llovieron como deuda en quincena. Kevin le dejó la cara como mango magullado, y el otro nomás pedía piedad, llorando como niño regañado. —¿No que muy vergas, güey? —se burlaba Kevin, mientras le metía otro par de chingadazos. La gente miraba con esa morbosidad de carnicería. El espectáculo terminó cuando llegó el supervisor con dos guardias que intentaron detener a Kevin… y terminaron nomás haciendo coraje porque no pudieron con él. —¡Ni me rocen, si no quieren acabar igual que este pobre pendejo, bola de marranos! —tronó Kevin, con los ojos llenos de odio y sudor en la frente. —Acompáñenos a las oficinas de perso...

Capítulo 22 / "El regocijo"

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Capítulo anterior Aquí La señora se le quedó viendo a Kevin un buen rato, como si tratara de adivinar si era un cobrador o un testigo de Jehová, y de pronto rompió en llanto. Se abrazaron como si les hubieran dicho que era el último día de la humanidad. Buchango y Rocío, de puro verlos, se aguaron también. “Sus corazones latían al millón”, diría Buchango si él escribiera esta historia. —Ay, mi muchachote… mi Kevin… jamás pensé volver a verte —sollozaba ella, llenándole la frente de besos babosos. Kevin nomás lloraba y le respondía los abrazos, como niño que por fin lo dejan salir al recreo. Se sumó Buchango con Rocío, y ahí se armó un abrazo colectivo bien pegajoso, de esos que hasta los vecinos dejan de barrer el frente para chismear desde la ventana. —Pásense, muchachos —dijo la señora, y abrió la puerta de su “palacio”. La noche se les fue platicando anécdotas viejas, como si estuvieran en un programa de radio de madrugada. —¿Y cómo entraste a chambear si apenas tienes diecisiete? —...