Capítulo 59 / "El salado"

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El Chófis lo esquivó, pero casi se va al suelo por pisar mierda de perro. Se levantó rápido y le soltó un gancho en el hígado que hizo que Brayan frunciera la cara con el dolor.

Brayan escupió pa’ un lado y se puso de nuevo en guardia. Se le fue con todo al Chófis, tirando golpes a lo loco, como si no hubiera mañana. Pero el Chófis, con la guardia bien perrona, no dejaba que le entrara un golpe. Se mantuvo aguantando el desmadre hasta que vio que Brayan se habia cansado, y supo que era hora de meterle duro. Le soltó una serie de golpes: izquierda, derecha, izquierda, derecha, hasta que Brayan bajó la guardia, y pum, un derechazo limpio le voló la cara.

Brayan cayó como bulto de cemento, levantando una nube de polvo bien cabrona. El Chófis se volteó con una calma que hasta daba miedo, y fue a levantar a Rocío, que seguía tirada.

—Discúlpame mija, pero cuando me enojo, me desconozco —le dijo con voz de respeto.

Rocío se quedó con la boca abierta, sorprendida de la chinga que había presenciado. Sin decir nada, agarró la mano del Chófis y se levantó, moviendo esas posaderas como si nada.

Después se fue con Buchango, que estaba tirado dormido, para darle un jalón y despertarlo.

—Levántate, cabrón —dijo el Chófis.

—¿Qué pedo? ¿Por qué Brayan está tirado? ¿Ya anda pedote también, o qué? —preguntó Buchango medio mareado.

—Nel, pá, eso le pasó por meterse con el Chico Malo —contestó Chófis.

—No mames, viejón, lo mandaste a dormir temprano —dijo Buchango riendo.

—Le faltaron manos al güey para pelarme la verga, mijo —agregó Chófis.

—Eres la mera verga, viejón. Enseñame a tirar cancos así —se aventó Buchango.

El Chófis soltó una risa cabrona.

—Calma, pá, mejor te enseño a pistear, que no andas valiendo verga.

—A pelear, viejón, que yo sé, pero me hace falta más barrio.

El Chófis cambió el tema y preguntó:

—Oye, mijo, ¿y los demás?

—Mi morra se fue porque al chavo se le enfermó, y el Mike, ni idea, ese güey esta bien raro..

—A lo mejor se fue por mandilón —dijo Chófis, riendo.

—Ese güey está re feo, no creo que tenga ruca.

—Pá, te tengo mala noticia.

—¿Qué pasó, pariente?

—Tengo que llevarlos a sus casas, porque a las cinco salgo a recoger gente y tengo que arreglar el desmadre que hizo este pendejo en el camión.

—Yo te ayudo, viejón.

—No, mijo, andas bien mal, mejor te llevo a tu casa pa’ que te des un shower y te duermas. Mañana te marco.

—Fierro pues, pariente, estuvo al millón la peda.

—Al cien, pá, pero este güey la tenía que cagar.

En ese momento llegaron las primas, y todos subieron al camión. Cuando llegaron a las morras, el Chófis le susurró a Rocio antes de que bajara:

—Luego terminamos lo que dejamos pendiente, mija.

—Cuando quieras, ya tienes mi número.

—Nos vemos, preciosa.

Después de un beso apasionado, partieron a la casa de Buchango, que no quedaba lejos.

—Nos vemos, viejón, ya tengo un chingo de sueño.

—Sí, mijo, descansa, mañana nos vemos.

—Fierro, viejón, hasta mañana.

Buchango llegó a su casa y sin pensarlo se aventó a la cama con todo y tenis, quedándo dormido instantáneamente.

Amaneció, y ya era Sábado en la tarde, la una quince para ser exactos, y nuestro héroe apenas despertaba, con una resaca del demonio y hambre de esas que te hacen querer comerte hasta los zapatos. Trataba de recordar la peda del día anterior, pero solo le venían escenas revueltas; los mensajes que le mandó a Britany le ayudaron a juntar un poco el hilo.

<<K pazo mija? Todo vien? komo sije tu ijo>>

No aguantó mucho recostado, el hedor insoportable lo hizo ir directo a la ducha.

Se bañó y se alistó para salir a buscar una tele para su jefa, que ya le había tirado la amenaza de sacarlo si no la conseguía. Así que el plan era ir a abonar y, pues, echarse otra deuda en Coppel.

Mientras se arreglaba, la jefa llegó a romperle el rollo.

—A ver si limpias el perro desmadre que dejaste ayer.

—Sí, jefa, ahorita que regrese.

—Ya conozco tu "ahorita", si no traes mi tele, mejor no vuelvas

No se agüite, jefa, ahorita se la compro.

Salió encabronado a la parada del camión, y justo cuando esperaba, una troca se paró a su lado. Volteó y escuchó una voz bien conocida.

—Buen día —dijo Kimberly desde la troca del mamado.

—Buenas —contestó Buchango, sin ganas, volteando para otro lado.

Bajó el vidrio trasero y el pequeño Iker asomó la cabeza.

—Uto —dijo el chamaco antes de que cerraran el vidrio.

Buchango se encabronó porque no pudo ver bien a su hijo.

—Baja el puto vidrio, quiero ver a mi hijo —gritó furioso.

—¿Tienes los quinientos de la pensión? —preguntó Kimberly.

—¿Qué pinche pensión? Que te mantenga tu viejo.

—No es pa’ mí, es pa’ tu hijo, ¿los tienes?

Buchango sacó la cartera y miró triste sus trescientos pesitos, de los cuales doscientos eran para el abono y cien para sobrevivir la semana.

—No los tengo —dijo guardando la cartera.

—Te advertí, si no me ayudas, no vas a ver a tu hijo.

—¿Pa’ qué quieres tanto dinero? ¿Pa’ gastarlo con ese güey?

En eso, el novio de Kimberly abrió la puerta y bajó un pie.

—Espera, amor, yo me encargo —dijo Kimberly sosteniéndolo del brazo.

Buchango sintió el puro terror, pero por suerte Kimberly intervino y la puerta se cerró.

—Pa’ lo que lo use, a ti te tiene que valer madre, y la próxima semana te voy a demandar por pensión, porque no quieres agarrar la onda.

El vidrio se subió y la troca patino levantando una densa nube de polvo. Buchango se quedó callado, viendo cómo la troca se alejaba. Se sacudió el polvo de encima, todavía con cara de "qué pedo me acabo de aventar".

La Kimberly de antes, la que aguantaba vara, paciente y sumisa, ya valió madres. Ahora era otra historia: una mujer bien cabrona, despiadada, que nomás quería verlo sufrir. No se imaginaba cómo le iba a hacer pa’ sobrevivir con quinientos pesos menos en el bolsillo, y todo lo que tendría que ceder, pero el coraje le quemaba más que todo eso, sobre todo porque su antigua familia ya andaba bajo otro macho.

El camión llegó y Buchango se subió, bien apretado como sardina en lata.

Dato cultural innecesario: Los fines de semana la clase trabajadora sale a desestresarse, salen a pasear, de compras o a comer. Es por eso que las zonas céntricas están incaminables.

Llegó a Coppel, abonó sin bronca y sacó un televisor a crédito, sin que nadie le hiciera panchito. Decidió cargarlo él mismo, aunque batallaba para subirlo al camión. Unos obreros que andaban por ahí le echaron paro y entre varios lograron subir la tele.

—¿Qué telezota, mijo? ¿Cuánto te salió? —preguntó uno, echándose un trago de cerveza.

—Seis cuatrocientos, mi maik.

—Yo quiero una así pa’ la recámara.

—Es pa’ mi jefita, es un regalo.

—Ah, qué chido. ¿Quieres una cerveza, mijo?

—Simón, viejón, con la cruda que traigo me va a caer con madre.

Se pusieron a platicar de cosas de barrio hasta llegar a la casa. El obrero le ayudó a bajar la tele y se despidieron con el clásico:

—Ya se la sabe, viejón, aquí estamos pa’ lo que se ofrezca.

Al llegar a la casa, Buchango dejó la tele al lado de la cama de su jefa y se fue a echarse un rato. La señora de inmediato se puso a desempacar la caja con la emoción de quien estrena.

Mientras, Buchango revisaba su Free Facebook y vio un mensaje nuevo de su amada. Al abrirlo y ver que era un chorro, sintió el bajón.

<<Ola flakito 🙂 perdoname x aberme ido akel dia sin abisarte 😞 pero era una emerjencia y espero m entiendas 😔 e deskuidado mucho a mis hijos, y akel dia el papa de mis hijos casi me cacha 😞 pienzo q x el bien de mis hijos lo nuestro no puede continuar. Sera mejor como amigos, y si necesitas algo, solo dime. Are lo que pueda para ayudarte TQM 😘>>.

El corazón del Buchango se hizo añicos, explotó en mil pedazos. Entre sollozos y lágrimas juntó valor pa’ contestar.

<<No puedes acerme esto 😭😭💔 Yo t amo 1 chingo komo no tienes idea y estoy dispuesto aser lo q sea x tu amor ❤️❤️❤️ Deje a mi ex x ti 💪 solo ay q tener mas kuidado 🙏 pero no m dejes x favor>>.


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