Capítulo 17 / "Labia venenosa"
Capítulo anterior Aquí
El pobre Buchango nomás tragó saliva, sabiendo que ahí ya no había árbitro que lo salvara.
Kimberly y Buchango nomás se hicieron chiquitos en el sillón, como si alguien les hubiera metido un chanclazo mental. Y es que la jefa de Buchango había soltado sus “palabras alentadoras” con una seriedad tan macabra que hasta el aire se volvió pesado. En un movimiento digno de telenovela barata, dejó a Buchango como el villano de la historia y a Kimberly bien contenta con la regañada que le acababan de poner. Pa’ acabarla de amolar, hasta la hizo creer que su suegra se preocupaba por ella. Si los Óscares tuvieran categoría de “Vieja manipuladora del año”, la señora se llevaba el premio con dedicatoria.
—¿Algo más que quieras decirnos, mi reina? —preguntó Idalia, con esa mano suave que parecía maternal pero que traía más veneno que un alacrán.
—No, solo era eso, suegra.
—Este güey ya no tiene excusa pa’ venir, hermosa. Se metió a la maquila en primer turno, así que tiene todas las tardes libres.
Buchango casi se nos muere ahí mismo; se tragó todo el coraje de un bocado y quedó temblando, fulminando a su madre con la mirada, como si quisiera matarla a puro rayo láser. Ya hasta le picaban los huevos por llegar a la casa y gritarle hasta lo que no.
—Bueno, mija, nosotros ya nos vamos —dijo la doña levantándose del sillón—. Porque este cabrón y yo tenemos mucho que hablar en la casa.
—Sí, suegra, muchas gracias por venir.
—No, gracias a ti, mija, por abrirme la puerta. Tú dime con confianza cuando este cabrón se pase de vergas.
Salieron de la casa y caminaron unos metros antes de que Buchango explotara como boiler sin termostato.
—¿Cómo que le voy a dar dinero todas las semanas? ¡Si apenas me alcanza con lo que me dejas! ¿Ahora las dos me van a chingar lo poco que me queda?
—Tranquilo, cabrón. Nomás dale la mitad de lo que me das a mí a tu señora. ¿No ves que hay que quedar bien con esa gente? —dijo la jefa, mientras sacaba de su bolsa un elefante dorado de cerámica y lo volteaba para admirarlo como si fuera lingote.
Buchango se quedó viendo el mugrero ese y meditando las palabras envenenadas de su madre. Ella, como si nada, guardó su “trofeo” antes de que el hijo se lo reclamara.
—Ya después lo recuperamos; es inversión a largo plazo, hijo.
Iban ya rumbo a la casa, con el sol cayendo como si también estuviera harto, cuando se toparon al tío Chuy afuera de una farmacia.
—¿Qué pasó, compadre? ¿Por qué no ha ido a la casa? —preguntó la jefa.
—No, comadre, es que me caí de un andamio en el jale y no quería que me vieran así.
—Ay, compadre, ya sabe que aquí no nos agüitamos.
El tío Chuy no soltó la verdad, aunque la doña ya sabía el chisme por su comadre. Pero mejor se hizo la que no, pa’ no incomodarlo. Lo que sí, el tío traía una bomba de información bajo el brazo.
—Oiga, comadre, ayer vi a Kevin. Me acerqué a saludarlo y me ignoró; iba con una morra. Se veía bien diferente.
—¿Dónde lo vio? —preguntó la jefa, con cara de que algo no le cuadraba.
—Aquí en el barrio, en la tiendita de mamá Coco.
La jefa se quedó callada, como buscando en la mente un capítulo olvidado, mientras Buchango trataba de acordarse dónde había escuchado ese nombre.
—Si lo vuelve a ver, dígale que lo quiero ver. Y si puede, tráigalo a la casa.
—Claro, comadre, no se preocupe. Bueno, ya me voy que me esperan.
Siguieron caminando, pero la duda de quién era ese tal Kevin le ganó a Buchango.
—¿Quién es Kevin, jefa?
La doña se paró en seco, haciendo una breve pausa y viendo al horizonte con la cara partida.
—Tu hermano, hijo.
Buchango quedó frío. Nunca supo que tenía hermano, y menos por parte de su mamá. Ella nunca lo mencionó, y si lo conoció alguna vez, seguro era tan chico que ni se acuerda.
—¿Y por qué no me había dicho? —preguntó, sintiéndose timado.
—Porque su papá no lo aceptaría —dijo la jefa, mientras una lágrima se le escapaba.
—Pues lo voy a buscar. Me vale madre lo que diga su papá —soltó Buchango, dándose la vuelta.
—¡Espérate, hijo de la chingada! —gritó la señora, limpiándose la cara con la blusa.
Pero Buchango ya había arrancado como cohete. No pudo aguantarse y rompió en llanto, corriendo como si la vida misma se le estuviera yendo. Por fin algo en su vida tenía sentido. Al llegar a casa, agarró el teléfono y le escribió a JR:
<<Markme karnal tengo q kontarte algo bien kbron>>
Jr le marco y en cuanto contesto, Buchango se escuchaba desesperado:
—Viejón, necesito que me hagas valer machín… traigo misión peligrosa.
—¡A caray! —respondió JR, con cara de que le estaban cobrando un recibo que no era suyo—. ¿Qué pasó, pariente? Te escuchas bien alterado.
—Tengo un hermano, viejón… y parece que anda aquí cerca. Ocupo que me hagas el paro pa’ encontrarlo —dijo Buchango, ya con el moco asomándose y temblando la voz como niño que se le cae la paleta al suelo.
—¡Al millón, pariente! Ya sabe que conmigo, no rajo leña.
—Muchas gracias, viejón… mañana le damos con todo.
—Fierro, pariente. Saliendo del jale, nos tendemos.
Colgó, y ahí se quedó Buchango como magdalena rota, soltando lágrima, moco y hasta un par de suspiros ridículos. Se tiró en la cama con la cabeza llena de odio pa’ la jefa, pero con la panza llena de ilusiones por conocer a ese hermano misterioso.
Nomás estaba a punto de agarrar el sueño, cuando… tilín le llega un WhatsApp de número desconocido:
<<Hola guapo, dónde está lo que me prometiste? Te estoy esperando 🤤>>
—Ah, cabrón —pensó, viendo la foto de perfil: un bombón con curvas como pista de carreras.
<<Ola ermoza, pues tienes q venir x el 😈 es zorpreza>>
<<Pues mandame ubicación para pedir un Uber y re-COGERLO 🤤👉👌💦>>
Y Buchango, convencido de que era una morrita del área de personal que no había podido resistirse a su porte de “modelo de catálogo del Soriana”, salió disparado a la esquina donde le llegaban dos rayitas del internet. Desde ahí le mandó la ubicación:
<<Ay sta mija kaigale x su regarrote 🍆>>
<<Ok guapito, hay llego en unos minutos 🥵, ya ando bien cachonda>>
Buchango ya estaba más firme que poste de luz recién plantado. Siguió mensajeándose hasta que:
<<Ya llegue bebe, sal para que me recibas 😘>>
<<Ai boi mija>>
Se asomó entre las cortinas tiesas de mugre, y sí, ahí estaba: luces intermitentes de un carro afuera. Pero en cuanto llegó a la tabla que usaba de puerta, se agachó como soldado en zona de tiro: no había morrita… Había un travesti del tamaño de un liniero de la NFL, recargado en la ventana del carro y pagándole al chofer.
Desde su escondite entre las tarimas, Buchango vio que el “dama-caballero” sacaba su celular… y tilín, mensaje en el suyo:
<<Vas a tardar bebe, ven por mi, unos malandros me están viendo feo 😣>>
El sonido de la notificación sonó tan fuerte que el travesti volteó y caminó en dirección del escondite de nuestro héroe.
—Su perra madre… —pensó Buchango—. Aquí o salgo vivo, o salgo joto.
Sin más opción, agarró unas latas de cerveza vacias, se tiró boca abajo y fingió ser un teporocho caído en combate. El sujeto se acercó, lo vio… y murmuró:
—A mí me gustan de esos…
Ya estaba el ambiente pa’ lo peor, cuando una voz salvadora retumbó:
—Eh, mija, ¿qué horas traes?
El chico trans se volteo hacia la calle nervioso y respondió:
—Son las nueve quince.
—Está chido ese cel… ¿No me lo regalas?
—No, ¿cómo crees? Es de mi novio… de hecho ya viene por mí.
—Ah, qué bueno que nos dices… pa’ tumbarte antes de que llegue.
Y pum… se escucharon gritos, empujones y madrazos. Buchango aprovechó el caos para escabullirse: era la pandilla del Brayan, el vecino de enfrente, aplicando la de “entrega inmediata” a mano armada. Sin decir agua va, se metió a su casa y se asomó con su mamá por la ventana.
—¿Qué chingados traen esos hijos de su rechingada madre? —preguntó la doña, empinándose un cereal bañado en Tang sabor horchata.
—No sé, jefa, pero mejor ni nos asomemos… no vaya a ser que nos toque un madrazo de propina.
El alboroto se apagó. El destino del travesti quedó como leyenda de barrio: unos dicen que noquearon a todos los malandros, otros que desapareció como fantasma. Lo cierto es que jamás volvió a mandar mensaje.
Capítulo siguiente Aquí



Comentarios
Publicar un comentario
¿Qué te pareció el capítulo?